El capitalismo, pese a haber sacado a más del 90% del planeta de la subsistencia y la pobreza extrema, sigue siendo odiado por la mayoría de la población. ¿Cómo puede ser que el mayor garante de libertad sea tan detestado? Aquí tenemos los tres motivos.

1- Por ignorancia:

Pese a que mucha gente habla del capitalismo, pocos entienden lo que es; un marco institucional de propiedad privada y libre mercado, donde los estados no intervienen. La mayoría creen que el estado es aquello que haga el mal llamado “estado capitalista”. Incluso Marx, que escribió un libro llamado “El Capital”, nunca entendió lo que los autores liberales le explicaban. Siempre creyó que el capitalismo es el estado favoreciendo a los capitalistas, tanto dentro del estado (corporativismo), como fuera (imperialismo). Dos cosas extremadamente alejadas del capitalismo, del libre mercado y la propiedad privada.

¿Por qué la gente no entiende qué es el capitalismo?

Principalmente porque la educación está controlada por el estado. Siempre se ha sabido que la mejor manera de controlar a una población es controlar su educación, de ahí que la mayoría de escolarizaciones públicas nazcan en dictaduras o totalitarismos. Por lo tanto, como el estado controla la educación, siempre nos enseñará que le necesitamos. No va a dar una visión objetiva del mundo, la historia, el mercado y la economía para que veamos que no necesitamos su intervención para prosperar. Lo que busca es que seamos más dependientes de él y que lo adoremos.

Tampoco entienden las consecuencias del intervencionismo. No suelen comprender que fijar precios máximos produce escasez, que fijar salarios mínimos produce paro o que regular la economía hace que los ricos compren a quien regula para su propio beneficio. No ven que es realmente al pobre a quien más le beneficia el capitalismo.

Además, los anticapitalistas se han esforzado mucho en tomar otras instituciones mediáticas como la radio, la cultura, la literatura, el cine… para transmitir un mensaje emotivo y catastrofista para conseguir votos y afiliados. Más nacido de los sentimientos que de la razón.

Mientras que los defensores de la libertad y el mercado se han centrado en explicar los hechos objetivos con gráficos y cuentas de resultados, olvidando explicar que el capitalismo (voluntariedad) es mucho más ético que el socialismo o intervencionismo (mandatos coactivos).

Como consecuencia, el mensaje que ha calado es el anticapitalista, ya que ha conseguido llegar más a los sentimientos de las personas haciendo que éstas tengan unos valores aprioristas, que aunque falsos y contradictorios, se consideran buenos.

2- Por soberbia:

un anticapitalista no solo es alguien que ve mal la libertad y que la gente se organice como quiera, sino que suele defender su manera concreta de organizar el mundo. Cree que solo es justa si visión de como debe estructurarse una sociedad. Cree que con sus ideas la sociedad pasará a ser más productiva, más igualitaria, más justa, menos corrupta… Es decir, cree que su mente es superior a millones de cerebros que interactúan entre sí.

Claros son los ejemplos de anticapitalistas que ven como el demonio las empresas y quieren exigir que las organizaciones productivas sean comunales y en forma de cooperativa. Aunque una cooperativa también sea una asociación capitalista si nace de la libertad, pero aquí vuelve a operar la ignorancia.

No solo estamos en el terreno empresarial, también hay mucha soberbia por parte de los feministas por cómo debe ser una relación amorosa. Son muchos los feministas que creen tener la solución a todos los problemas en las relaciones afectivas del mundo y quieren imponer su modelo a los demás. Normas de comportamiento, de como se debe seducir, de lo que se puede decir y lo que no, de como se debe dar el consentimiento, quieren prohibir o estigmatizar ciertos roles de comportamiento solo por ser tradicionales…

3- Por envidia:

Al no entender como funciona el mercado, lo que es la oferta y la demanda o de donde salen los sueldos, un anticapitalista cree que los altos sueldos de ciertas estrellas, tertulianos, deportistas o empresarios son un error en la sociedad o un aprovechamiento. Mientras que los bajos sueldos de ciertos trabajos un abuso o error del mercado.

Muchos creen que el capitalismo no funciona porque trabajadores como Leo Messi, Cristiano Ronaldo, Belén Esteban o el CEO de Google cobran millonadas mientras que una persona en una cadena de montaje cobra poco. No entienden el aporte marginal al proceso productivo o que hay millones más de personas esperando lo que pueda hacer cierto personaje público que lo que pueda hacer un panadero. Muchos no entienden que el aporte que hace a la población alguien en libre mercado es lo que recibe de sueldo, ya que los sueldos se estabilizan en tu productividad.

También ven injustos los sueldos de empresarios que viven de rentas, aunque no entiendan por qué tienen esas rentas ni como las consiguieron (incluso si las heredaron es justo ya que un padre tiene derecho a esforzarse para dar una buena vida a sus hijos).

Además, ven injustos los beneficios de multinacionales o del IBEX 35 y achacan esa injusticia la capitalismo cuando muchísimas de esas empresas viven de asociarse con el estado y de privilegios públicos o derechos de monopolio.

Tampoco entienden como personas sin estudios pueden cobrar miles de veces más que gente con doctorados, como puede ser el ejemplo de Amancio Ortega, y en vez de entender que la educación estatalizada no corresponde a conocimiento realmente útil para el desarrollo de una persona sino a motivos políticos, creen que el mundo real está mal.

En resumen, si no hubiera envidia, soberbia y envidia, no habría socialismo.

Tesis extraida de los textos de Bertrand de Jouvenel 

 

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