¿Conocéis esa sensación al acabar un proyecto, verlo y maravillarse en la perfección? ¿Y cinco minutos más tarde, cuando os dais cuenta de un sutil fallo de diseño que lo manda todo a tomar por culo? Hoy os traigo a ese sentimiento hecho carne: El Babirusa. Este animal está en peligro de extinción, pero a diferencia del panda, merece ser salvado, si más no por el místico poder de todos los cerdos… convertir la lechuga en panceta.

En principio, el Babirusa (Babyrousa babyrussa) parece un cerdo relativamente normal, con hasta 90cm de altura y 110cm de largo, pesando alrededor de 100kg. Pelo escaso, piel gruesa, morro largo para lo que vendría a ser un tocinete estándar, pero nadie es perfecto, no?

Hay 4 especies de babirusa, la más conocida y pelona de ellas siendo Babyrousa celebensis. Las demás especies tienen distintos grados y tonos de pelaje. Sus estómagos son complejos, de dos cámaras, reminiscentes del sistema digestivo de ovejas y otros rumiantes. Su biología parece indicar que emprendieron su propio camino evolutivo hace mucho, mucho tiempo. Son omnívoros, incluso comiendo arcilla de vez en cuando, y empiezan a ingerir sólidos 10 días después de nacer. Además, la vida en cautividad no les comporta problema alguno.

Nativos de Indonesia y sin grandes depredadores, los babirusas no necesitan camuflaje, ni piernas fuertes (esas piernas finas harían vomitar de envidia a más de una), o sentidos agudizados: Su única preocupación en la vida es pasear por la selva buscando comida, frutas y gusanos sobretodo, bañarse de 2 a 6 horas en ríos y lagos, y disfrutar de la buena vida, en grupos formados por un macho, sus hembras y las crías.

Pero no nos engañemos; sabemos que si está en esta lista es por una razón. Hasta este punto, todo lo dicho del animal es perfectamente normal. Son una adaptación cojonuda a su ambiente, que puede dedicarse a disfrutar de la buena vida como pocos animales pueden. Hay animales que lo tienen jodido en este mundo. Los ratones, por ejemplo, el snack favorito de medio planeta. Pero los babirusas macho tuvieron mucha suerte y lo saben, así que tienen una forma de ponerse en peligro a sí mismos. Sus colmillos superiores crecen sin parar y se curvan en un ángulo muy cerrado, tanto que atraviesan la carne del morro, y pueden llegar a enterrarse DE VUELTA EN EL CRÁNEO DEL ANIMAL. Eso significa que, si el babirusa no desgasta sus colmillos con alguna actividad, las vacaciones perpetuas se irán rápidamente a tomar por culo.

“¿Pero, qué funcion cumplen esos colmillos?” Estupenda pregunta. Lo cierto es que no valen PA’ UNA MIERDA. Se pensó que los utilizaban para combatir, hasta que ves cómo pelean, poniéndose a dos patas y atizándose con las pezuñas. Además, como armas, esos colmillos son puta basura. Son extremadamente frágiles. Y no lo olvidemos: son dientes. Esos caninos tienen nervios, duelen y en la naturaleza no hay dentistas. Así que el babirusa tienen que alcanzar un compromiso entre el SUICIDIO POR OMISIÓN o el masoquismo dental a lo largo de toda su vida. La única ventaja es que, con el cuidado adecuado por parte del babirusa, pueden cerrar el círculo antes de llegar al cráneo, pasando de ser una cómoda eutanasia a una protección ocular bastante práctica.

Esto deja al babirusa con dos grandes enemigos: El hombre (que lo caza y cría por su carne) y su propia estupidez. Y mi única pregunta es…

¿A QUIÉN COÑO LE PARECE BUENA IDEA?

(Artículo original)